La bicicleta: mi diván en movimiento

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Por: Sergio Zuluaga Cardona

Salir a rodar solo o en compañía. Es una pregunta que muchos se hacen, sobre todo pensando en el nivel de exigencia. Desde Medellín, nuestro amigo de la carretera, Sergio Zuluaga, comparte su punto de vista.

Para mí la bicicleta es una actividad más solitaria de lo que quisiera y por eso no estoy de acuerdo con el “candeleo” en las salidas en bicicleta. Una de las razones es que me cuesta digerir la narrativa que se ha creado últimamente alrededor del ciclismo aficionado en el lugar donde vivo, en Colombia. Se llama Antioquia y tiene rutas fabulosas para salir a rodar en todas las direcciones, aunque mucho más complacientes con los escaladores que con los amigos del cronómetro.

Practico ciclismo de ruta y lo que noto es que hay demasiado en juego entre muchos ciclistas aficionados. Y la verdad, que yo sepa, nadie nos paga por pedalear o por hacer buenos tiempos. Todo lo contrario: uno mismo debe comprar la bici, los implementos y correr con los gastos asociados a la práctica.

Lo primero que se pone en juego es tu descanso. Por alguna misteriosa razón, aunque es una práctica espontánea y no una competencia oficial, si vas a salir en grupo debes levantarte antes de las cinco de la mañana, para poder alistarte y comer algo, pues los pedalazos iniciales deben estar ambientados con los primeros cantos de los pájaros. No se concibe comenzar una jornada de pedal, por ejemplo, a la misma hora que inicia una jornada laboral, alrededor de las ocho de la mañana. De este modo, debes renunciar a los pequeños o grandes placeres de la noche anterior, o asumir las consecuencias de rodar con pocas horas de sueño.

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Y es que la idea es llegar en óptimas condiciones porque lo más probable es que haya “candeleo”, término que se usa en mi región para designar una proliferación de ataques que ni siquiera se ven hoy en el ciclismo profesional, tan dado a la cautela. Así, tu cuerpo de aficionado glotón debe explotar o perder la rueda, pero no tanto como para que deban esperarte más de lo previsto y retrasar el itinerario. De modo que, si hay “candeleo”, llegas destruido a la casa y se apaga tu llama por el resto del día.

Como es lógico, este tipo de ciclismo aficionado es amigo de los registros, públicos y privados. Debes medir tus watts, tu cadencia, tu tiempo, tener en cuenta tu récord personal y tratar siempre de bajarlo, el de tus amigos y hacer lo propio y hasta el de los profesionales que hacen registros públicos de sus marcas, para continuar con las comparaciones. En últimas, tu rendimiento está en juego y compites con los demás y contigo mismo.

No niego que esta manera de abordar el deporte puede ser estimulante por momentos y un buen saco de arena para el ego y competitividad primitiva, pero definitivamente de las salidas en grupo me quedo más con las conversaciones y los chistes en zonas de “no candeleo” o con los desayunos poco saludables del “post candeleo” (cuando estás con un grupo que aún no ha llegado al punto de creer que solo puede ser alimentado por el chef de Chris Froome).

montar en bici con amigos

De hecho, si esta forma de vivir el deporte aficionado hace que más gente lo practique, me parece válido y respetable. El punto, creo, es que en este mundo en que nos tocó vivir ya hay demasiado en juego como para autoexigirnos de esa manera en un escenario que puede servirnos a los deportistas aficionados para escapar de la lógica del rendimiento, la competitividad y la comparación, así sea por unas horas.

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Los filósofos contemporáneos nos entregan suficiente ilustración sobre cómo estamos inmersos en una carrera sin tregua en la que se trata de “rendimiento” y poco más, con el agravante de que las exigencias vienen de nosotros mismos, más que del sistema o el establecimiento. La mayoría de trabajos con los cuales nos ganamos la vida se tratan de competir y ponernos a prueba constantemente; de estar exhaustos para no pensar, para no aceptar que una vida en la que solo hay tiempo para trabajar es pobre y patética.

Creo, entonces, que existe una vía alternativa para la práctica del ciclismo amateur o el deporte en general: una más terapéutica, si se quiere, que se resiste a ser la continuidad de lo que la subsistencia nos obliga a hacer durante la semana. Alguna vez una persona con un cargo de una enorme responsabilidad me contó que le gustaba correr y que en cierto momento dejó de tomar sus tiempos, porque ya no podía con un estrés más en su vida. A eso me refiero.

¿Salir a rodar en bicicleta de ruta, solo o en compañía de la grupeta? He optado por construir mi narrativa personal con la bici. La practico desde hace varios años y, últimamente, cuando salgo a rodar, comento que voy a “tomarme la pepa”, pues valoro mucho más sus propiedades ansiolíticas que egocéntricas. Me inclino a pensar que 60 minutos de rodada hacen algo parecido a lo que, supongo, producen las pastillas que tratan de controlar las traiciones de la mente. La vida suele alivianarse después de poner el corazón a trabajar al ritmo que uno puede, respirar con algo de conciencia, observar la ciudad desde arriba y percatarse del pequeñísimo punto que uno ocupa en ella.

Otra analogía para referirme a la bicicleta, a la luz de la relación que he construido con ella, es la de verla como una especie de diván en movimiento. Por razones que los expertos sabrán explicar, después de varios kilómetros de pedaleo el pensamiento parece oxigenarse. Suelo encontrar ideas, respuestas o preguntas adecuadas mientras me acerco a la cumbre, montado en el diván rodante, con las montañas como límite de un gran consultorio sin un terapeuta, en el que solo se escucha el siseo del viento.

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En últimas, sea por la vía del “candeleo” o por la vía de hallar una narrativa propia, todos los que puedan deberían probar la bici. Yo, por lo pronto, seguiré alternando con regularidad la pepa y el diván en movimiento. A lo mejor, como en toda terapia, las contradicciones saldrán a flote y cada tanto me veré avocado a meterme a la candela

2 comentarios
  1. Moisés Zambrano
    Moisés Zambrano Dice:

    Estoy totalmente de acuerdo, no niego que a veces me gusta la leña y exigirle al cuerpo, pero se vuelve una competencia absurda de ver quién tiene menores tiempos, la vanidad del Strava e incluso compararse con los profesionales. Debo confesar que he abandonado reuniones post entreno porque no puedo con la charle monótona de hablar de los tiempos de X persona o si tiene el KOm, etc etc etc. Este deporte es para disfrutarlo, y más si somos simples aficionados. Excelente Blog

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    • Alejo_Roman
      Alejo_Roman Dice:

      Así es Moises, nos olvidamos muchas veces que salimos en bici es para disfrutar. Aunque siempre es bueno plantearnos metas, creo que no debemos perder de vista que nuestro principal objetivo es disfrutar como ciclistas aficionados que somos.

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